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Hasta las narices

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Y perdón por la expresión, pero es que comienzo a estar muy harta de que cualquier problema que tenga el Valencia acabe girando en torno a la afición. Da igual de donde venga el problema, que al final siempre acabamos hablando de que la hinchada de Mestalla es demasiado exigente y no deja crecer a éste o aquel otro futbolista.

Está claro que es mucho más fácil señalar al que no tiene voz ni poder que al que manda y puede que algún día vaya en tu contra, o al amigo de turno que te cuenta lo que pasa dentro. Pero los males de este equipo señores, poco tienen que ver con Mestalla. Una afición que en los últimos años ha recibido muchos más palos que buenas noticias y que a pesar de todo sigue acudiendo en masa a cada partido o llamamiento del club.

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Poco tiene que ver la parroquia de Mestalla en que el pasado verano se hiciese una nefasta planificación deportiva por culpa de dejarla en manos de un entrenador que se creyó el rey del mambo. Menos culpa tienen aún en que la preparación física sea nula y los jugadores lleguen arrastrándose al final de todos los partidos. O de que las lesiones no hayan dejado tener disponible a la plantilla completa para un solo partido durante toda la temporada.

¡Basta ya! Por supuesto que esta afición es exigente, pero es exigente porque ama a este escudo por encima de todas las cosas y ha visto sobre ese mismo césped a Puchades, Kempes, Claramunt, Baraja, Villa… y cientos de jugadores más dejarse hasta el último aliento por su club. No pedimos nada más que eso, esfuerzo, denlo todo y la grada de Mestalla caminará siempre a su lado. Eso sí, sean indolentes y tendrán un enemigo de por vida. Aquí no se perdona que se arrastre un escudo con casi 100 años de historia.

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Esta afición tan malvada, para algunos, duplicó el número de abonados el año del descenso a segunda visión, aguantó la venta de jugadores emblemáticos año tras año para satisfacer al banco, se echó a las calles para evitar que su club cayera en manos de un fondo buitre, y al final, cuando algo sale mal desde arriba siempre acaban siendo los señalados.

¡Pues ya está bien! Bien harían los que mandan en preguntarse por qué la gente está desilusionada y no acude a unos cuartos de final de la Copa del Rey; en lugar de culparlos por no acudir. También algunos futbolistas deberían revisar su actitud y ver por qué se les señala en lugar de rasgarse las vestiduras y  sentirse mártires de esta afición. Seguro que sin escarbar demasiado encuentran las razones a esos desencuentros. No son cuestiones de filias, fobias y manías personales, es cuestión de poner el escudo por encima de los intereses personales. Algo que muchos no entienden todavía.

El día que TODOS entendamos que juntos somos mucho más fuertes, casi invencibles, ese día este proyecto volverá a despegar. Mientras tanto nos perderemos en guerras internas y en trincheras que al final acaban en un todos contra todos que en nada beneficia a este club. Porque el discurso de la paz institucional es muy bonito, pero si al final la parcela deportiva no funciona no sirve para nada. Y para que la parcela deportiva funcione, nada mejor que dejarla en manos de profesionales y no de “amigos”.

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